Enseñanzas 

Cristo es mi vida


Querido amigo (a):

¿Qué significa la vida cristiana? ¿Qué Cristo está en el cielo y yo estoy solo aquí en la tierra intentando vivir para Él? ¿Es preguntar qué haría Jesús en esta situación, y luego tratar de imitarlo? ¿Es hacer mi mejor esfuerzo para portarme bien y pedirle al Señor Jesús que me ayude?

No es ninguna de estas cosas. Ser cristiano significa que tengo que confiar en Cristo como mi Salvador. Tengo una nueva relación con Él. Esa nueva relación se puede expresar con dos frases sencillas.

• Yo estoy en Cristo.

• Cristo está en mí.

A través de la Palabra de Dios aprendemos que somos partícipes de la vida divina. Esto significa que compartimos la vida de Cristo. Yo estoy en Cristo y Cristo vive en mí a través de Su Espíritu.

Cristo vive en mí.

¡Yo estoy en Cristo y Cristo está en mí!En los tiempos del Antiguo Testamento, los creyentes decían que el Señor era su Ayudador. La Biblia dice:

El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre (Hebreos 13:6).

A Jehová he puesto siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido (Salmo 16:8).

Esté tu mano pronta para socorrerme (Salmo 119:173).

Al pensar en estos versículos, ¿dónde está el Señor? Él estaba fuera del creyente del Antiguo Testamento, cuidándolo, protegiéndolo, ayudándolo. Pero en el Nuevo Testamento, encontramos que Dios viene a vivir en nosotros. La Biblia dice:

. . . Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos . . . (2 Corintios 6:16).

Dios, en la Persona de Su Hijo, ha venido a vivir en los creyentes. La Biblia dice:

. . . ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros? . . . (2 Corintios 13:5).

La Vid y los pámpanos

Para ayudarnos a entender esta nueva relación entre el Señor Jesús y el creyente, Jesús utilizó un ejemplo de la naturaleza. Dijo: Yo soy la vid, vosotros los pámpanos(Juan 15:5).

El Señor es la Vid, y los creyentes son los pámpanos. Así que cuando se menciona “la vid”, debemos pensar en el Señor Jesús, y cuando se menciona “los pámpanos” debemos pensar en nosotros mismos. A través de la vid y los pámpanos podemos aprender unas verdades hermosas acerca de la vida cristiana.

El pámpano está en la vid• La vid y los pámpanos son uno.

Comparten una vida. La misma vida, o sea la savia que fluye por la vid, también fluye por los pámpanos. Vemos por medio de esto que nuestra unión con Cristo es una unión viviente. Compartimos una vida.

• El pámpano está en la vid.

Al mirar la vid y sus pámpanos, vemos que el pámpano está en la vid. Esto nos enseña que nosotros estamos en Cristo. Ya hemos aprendido esta gran verdad, que estamos en Cristo, pero ahora vemos que estamos unidos a Él en una relación viviente.

No siempre estábamos en Cristo. Antes de confiar en Cristo como nuestro Salvador, estuvimos en la familia pecaminosa de Adán. Estábamos en Adán. Compartíamos su vida y teníamos su naturaleza.

¿Qué sucedió cuando fuimos salvos? Dios nos sacó de Adán y nos puso en Cristo. Fuimos cortados de Adán e injertados en Cristo.

Injertar un pámpano significa quitarlo de una vid y fijarlo en otra. El pámpano es cortado de la vieja vid. Luego se le hace un corte a la nueva vid, y el pámpano se injerta en el lugar y se fija de manera segura. Pronto sucede algo maravilloso. La vida de la vid nueva empieza a fluir a través del pámpano. El pámpano empieza a compartir la vida de la nueva vid y empieza a producir su fruto.

Fuimos cortados de Adán e injertados en Cristo.A través de esto podemos ver que lo que Dios hizo para nosotros es maravilloso. Dios nos sacó de Adán y nos “injertó” en Cristo. La Biblia dice:

Mas por él [Dios], estáis vosotros en Cristo Jesús . . . (1 Corintios 1:30).

Ahora estamos unidos al Señor Jesucristo de manera viviente. Él es nuestra Vid y nosotros somos pámpanos vivientes en Él. Compartimos Su vida. La Biblia dice que somos participantes de la naturaleza divina [la vida de Cristo] (2 Pedro 1:4).

Cristo vive en mí.•                                          

La vid está en los pámpanos.

No sólo está el pámpano en la vid, sino que la misma vida de la vid, la savia, está en el pámpano. Esto es lo que mantiene con vida al pámpano y hace que produzca fruto.

Esto nos enseña que no sólo estamos en Cristo, sino que Cristo está en nosotros. Tenemos la misma vida de Cristo en nosotros.

El Secreto de la vida cristiana

El secreto de la vida cristiana es que Cristo está en mi vida. Cristo no está fuera de mí como mi Ayudador; Él vive en mí. El apóstol Pablo dijo:

Porque para mí el vivir es Cristo [Su vida en mí] . . . (Filipenses 1:21).

Pablo no dijo: “Estoy tratando de imitar a Cristo”. No dijo: “Voy a hacer lo mejor que pueda y le voy a pedir al Señor que me ayude”. Más bien, él dijo: Porque para mí el vivir es Cristo [Su vida en mí]. Cristo no desea ser sólo mi Ayudador, sino que desea ser mi misma vida.

un pámpano lleno de hermosas uvasSi vemos un pámpano lleno de hermosas uvas, podríamos preguntarle al pámpano: “¿Cómo lograste tener tanto fruto? ¿Cuál es tu secreto?” Si el pámpano pudiera hablar, diría: “El secreto es que la vida de la vid fluye en mí. Todo lo que necesito está en la vid. Dependo de la vid para todo”.

El Señor Jesús desea que todos aprendamos una lección en cuanto a la vid y los pámpanos. Él es nuestra “Vid” y nosotros, Sus “pámpanos”, estamos en El. Todo lo que necesitamos está en Cristo y nosotros tenemos Su vida f luyendo en nosotros.

Cómo vivir la vida Cristocéntrica

El apóstol Pablo fue uno de lo cristianos más victoriosos que haya vivido, y él ha compartido con nosotros el secreto de su vida victoriosa. Pablo dijo:

Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí
(Gálatas 2:20).

“Con Cristo estoy juntamente crucificado”. ..¡Cristo vive en mí!

Lee este versículo en voz alta. ¿No es maravilloso? Anota el versículo en una hoja de papel y repítelo una y otra vez hasta que lo memorices. Ahora, a través de este versículo, veamos los cuatro pasos de vivir una vida Cristo-céntrica.

1Debes saber que tú moriste con Cristo.

“Con Cristo estoy juntamente crucificado”. Esta es la manera en que Dios se encarga de mi vida vieja. Dios me puso en Cristo en la cruz. Cuando morí con Cristo; allí terminó mi vida vieja.

2Debes quitar el “YO”.

“Ya no vivo yo”. Cristo desea vivir Su vida en mí, pero algo se interpone. ¿Qué es? ¡Es el “YO”! ¡Mi mayor problema es el “YO”! ¿Cuál es la solución a este problema? La solución al problema del “YO” es quitarme a mí mismo para que Cristo pueda vivir Su vida en mí.

Dios dice que el “YO” debe estar en la cruz y que Cristo debe estar en el trono de mi corazón. Yo debo estar de acuerdo con Dios. Yo debo decir: “YO, ¡tú no puedes reinar en mi vida! ¡Cristo es mi Señor y mi Rey! ¡El reinará en mi vida!

Una pequeña niña llamada Carola había recibido a Cristo como su Salvador cuando era muy pequeña. Cuando tenía diez años, deseaba ser una buena cristiana. Su padre pasó mucho tiempo con ella, enseñándole de la Biblia. Le enseñó que la única manera de tener victoria sobre el pecado y el “YO” es aceptar nuestra muerte con Cristo y permitir que Cristo viva Su vida en nosotros.

Entonces Carola tomó su decisión. Fue una decisión que cambió su vida para siempre. Escribió en su Biblia:

“Verdaderamente morí con Jesús, y puse la vieja Carola en la cruz con Él el día 4 de Octubre. He decidido vivir para Él a través de Su vida toda mi vida. No yo, sino Cristo”.

3Debes reconocer que Cristo vive en ti.

“Mas vive Cristo en mí”. Esto es verdad para cada creyente. ¿Qué sucedió cuando llegué a ser cristiano? Le recibí a Él (Juan 1:12). En realidad Él vino a vivir en mí. ¡Él vive en mí ahora mismo! Nada podría ser más maravilloso.

Cristo resucitó de la tumba y yo resucité con Él. Soy una nueva persona en Cristo.

4Confía en la fidelidad de Cristo.

Lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe [en la fidelidad] del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí (Gálatas 2:20).

Todo lo que necesito está en Cristo. Dios me dice que no me preocupe por nada. Incluso, Él me manda a no afanarme por nada. Yo mismo me preocupo por las cosas y no puedo obedecer este mandamiento. Pero Cristo vive en mí. Él hace por mí lo que no puedo hacer por mí mismo. Simplemente confío que Él lo hará. Y verdaderamente lo hace. ¡Él es fiel!

He encontrado el secreto de la vida. ¿Cuál es? Es confiar en Cristo que vive en mí. “Ya no vivo yo, más Cristo vive en mí”. Confío en Cristo para todo lo que necesito.

Quizás lucho con un mal genio. Y he intentado por años vencer. Pero ahora lo entrego a Cristo, quien es fiel y quien vive en mí. Él se encarga de eso, y se acaba el problema.

Una pequeña niña aprendió a tener victoria sobre la tentación. Alguien le preguntó: “¿Cómo logras la victoria cuando eres tentada?” Ella dijo: “Antes, cuando el diablo tocaba a mi puerta para tentarme, le decía: ‘¡No entres, no entres!’ pero de todos modos entraba.

“Ahora cuando el diablo viene a tocar a mi puerta, digo: ‘¿Señor Jesús, por favor puedes ir a la puerta?’ Cuando el diablo ve al Señor Jesús, se agacha y dice: ‘Lo lamento. Creo que me equivoqué de puerta’. Y se da la vuelta y se va”.

¿Qué pasa si fallo? ¿Qué debo hacer? Debo confesar mi pecado y ponerlo bajo la preciosa sangre de Cristo. En ese mismo momento puedo decir: “Señor Jesús, Tú eres mi vida y mi victoria. Tú vivirás Tu vida victoriosa a través de mí”.


Mi vida vieja terminó con la muerte de Cristo.
Yo soy una nueva persona en Cristo.
Ahora Cristo es mi vida y mi victoria.

“Señor Jesús, he visto en la Palabra de Dios
que mi vida vieja terminó cuando morí contigo.
No deseo que el ‘YO’ siga reinando en mi vida.
Ahora pongo mi vida vieja en la cruz contigo.

Ahora decido vivir por medio de Tu vida, en lugar de mi ‘YO’.
Desde ahora en adelante ya no seré yo, sino Cristo viviendo en mí”.

Visión Celestial

Parte 2

Daremos inicio a la segunda parte de la enseñanza titulada “Visión Celestial” con el siguiente verso: “Yo en muy poco tengo el ser juzgado por vosotros, o por tribunal humano; y ni aún yo me juzgo a mi mismo” 1Corintios 4:3.  

A manera de trasfondo; una de las luchas más grandes que el apóstol Pablo experimentaba, era que su apostolado a menudo era desacreditado o puesto a prueba, y es por eso que en este capítulo él trabaja en vindicar, o bien, defender por escrito las calumnias hechas contra su ministerio. Él expone tres puntos en uno, en el verso anterior, siendo este el primero: “Yo en muy poco tengo el ser juzgado por vosotros”. Cambiaré la palabra juzgar por examinar. Él dice: si ustedes me juzgan o examinan, la conclusión a la que lleguen de mi, no es de ningún valor. El segundo punto es: “si me juzga un tribunal”, tampoco me importa el veredicto al que puedan llegar. Por último, “ni aún yo me juzgo a mi mismo”.

 Es impresionante leer que Él no confiaba ni siquiera en su propia opinión. La pregunta es: ¿Entonces qué opinión le interesaba? Veamos. “Porque aunque de nada tengo mala conciencia, no por eso soy justificado; pero EL QUE ME JUZGA ES EL SEÑOR” 1Corintios 4:4. Ahora bien, ¿Qué significa todo esto? Él está diciendo: Si un individuo o un grupo de personas no aceptan mi apostolado, no importa. Y agrega, aún si en ocasiones yo no me veo apto para el apostolado; “Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios” 1Corintios 15:9, eso no es de relevancia, porque Dios es quien me llamó, es Él quien dijo, que yo soy apóstol. Lo dicho anteriormente es una fuerza y verdad espiritual por la cual, el cuerpo de Cristo debe vivir: TENEMOS QUE VERNOS COMO DIOS NOS VE.

Veamos un ejemplo. Dios hizo una serie de promesas a Abraham, dentro ellas la de llegar a ser una nación grande. “Haré de ti una nación grande…” Génesis 12:2. Para recibir esta promesa, primero era necesario sobrepasar el obstáculo de la esterilidad de Sarai su esposa. Dios no solamente le dio las promesas, sino que también le preparó una atmósfera de modo que él pudiera mantener su vista puesta en la visión, o mejor dicho, en aquello para la cual Dios lo había llamado. “Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia.” Génesis 15:5. También “De cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de tus enemigos” Génesis 22:17. Y aún más “He aquí mi pacto es contigo, y serás padre de muchedumbre de gentes. Y no se llamará más tu nombre Abram, sino que será tu nombre Abraham, porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentes” Génesis 17:4-5. Cuando digo que Dios preparó una atmósfera, me refiero a que le rodeó de cosas que pudiera ver y escuchar de modo de que se mantuviera en visión. Con el cambio de nombre, Dios causó que cada vez que le llamaran estuvieran creando, confesando o profetizando, ya que el nombre Abraham significa padre de muchas gentes. Todo lo que Abraham tenía que hacer, era salir por la noche y observar el cielo y ver la multitud de estrellas y creer así será mi descendencia. También podía acercarse a la orilla del mar y visualizar, y creer este es un símbolo de lo que Dios me prometió. Pero a cambio veamos lo que la pareja hizo. “Y la bendeciré y también te daré de ella hijo; sí, la bendeciré, y vendrá a ser madre de naciones; reyes de pueblos vendrán de ella. Entonces Abraham se postró sobre su rostro, y se rió, y dijo en su corazón: ¿A hombre de cien años ha de nacer hijo? ¿Y Sara ya de noventa años, ha de concebir? Génesis 17:16-17. También “Y Abraham y Sara eran viejos, de edad avanzada; y a Sara le había cesado ya la costumbre de las mujeres. Se rió pues, Sara entre sí diciendo: ¿Después que he envejecido tendré deleite, siendo también mi señor ya viejo? Génesis 18:11-12.

Es curioso notar que una pareja con todas la promesas de Dios, se atrasaran en recibirlas por no poderse ver de la manera que Dios los había visto. “No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” 2 Corintios 4:18. Amado pueblo de Dios, no deje que las circunstancias del pasado o del presente le impidan ver las promesas que Dios tiene para su futuro. Como hijo de Dios, usted tiene derecho a todas las promesas que están en la Biblia. Dios un día lo soñó a usted y a mí, en ese sueño nos vio haciendo cosas para Él y para su reino, nos vio sanos, prósperos, felices y exitosos.

ATRÉVASE A SOÑAR EL SUEÑO CON ÉL.

 

MB. Ojenlo 

 

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Visión Celestial

Parte 1

A manera de introducción; este título trata sobre algo que Dios vio en usted y en mi cuando nos estaba creando. Es importante entender como Dios nos vio, como nosotros nos vemos hoy día. Los invito a no perder la secuencia del estudio.

Lo primero que necesitamos entender es de dónde provenimos y cómo fuimos creados. En un mundo humanista, científico y filosófico, es de suma importancia que regresemos a la verdad absoluta de la palabra de Dios.

Hoy día, a menudo, escuchamos en la noticias acerca de uno de los crímenes con más alto crecimiento y es: el robo de identidad. Este es un problema serio y con consecuencias alarmantes para los que pasan por esta situación. Pero ha existido un robo de identidad en mayor escala, el cual ha causado estragos trascendentales a la humanidad; esto es: el haber robado al hombre la imagen de Dios.

Examinemos el acto de la creación. Cuando Dios decidió crear al hombre lo hizo de la siguiente manera: “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza... Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Génesis 1:26-27). También “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente” (Génesis 2:7). Los primeros versos narran la creación del espíritu del hombre (el interior), entre tanto que el segundo describe la formación del cuerpo (el exterior). El acto por parte de Dios de poner Su Espíritu en un vaso de barro era con la finalidad de que el hombre tuviese la supremacía. “Y Señoreé en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra” (Génesis 1:27).

Con todo lo dicho anteriormente entendemos entonces que el hombre era el equivalente de la imagen y autoridad de Dios sobre la tierra. Ahora bien, esta gloria de Dios en el hombre fue perdida, como resultado de la caída (desobediencia). “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). No hablaré mucho sobre la caída pues es un problema antiguo al cual Dios, por medio de su hijo Jesucristo dio solución. “Siendo justificados (absueltos, eximidos, redimidos, perdonados) ¡Gloria a Dios! gratuitamente por su gracia (favor), mediante la redención que es en Cristo Jesús” (Romanos 3:24).

Recalco, no hago énfasis en la caída, pues se ha invertido más tiempo hablando del problema, que de la solución. Un médico una vez diagnostica un síntoma procede inmediatamente a recetar el tratamiento. Dios en cuanto vio al hombre desprovisto de su imagen, hizo promesa diciendo: “Y Jehová Dios dijo a la serpiente... Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya (Jesús); esta te herirá en la cabeza, y tu le herirás en el calcañal” (Gen 3:14-15).

El sacrificio de nuestro Señor Jesucristo en la cruz fue para traer restauración de lo que se había perdido. Dios en su presciencia, del griego prognosis, (conocimiento anticipado o por adelantado), nos había visto como seres llenos de Su Espíritu y como portadores de su imagen, para que triunfáramos en esta tierra.

Para concluir, veamos algunos pasajes de la escritura, que muestran que estamos en el proceso de desarrollar la imagen de Dios en nuestras vidas: “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que el sea el primogénito entre muchos hermanos (usted y yo)” (Romanos 8:29). “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Corintios 3:18). “Y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno” (Colosenses 3:10).

“Por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia” (2 Pedro 1:4). Es glorioso entender que la imagen o identidad celestial que se nos había robado, en Cristo Jesús se nos ha restaurado. ¡GLORIA A DIOS!

MB. Ojenlo   

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